« Yo soy el buen Pastor y mis ovejas me conocen ». Este icono resume la espiritualidad que Juan Bosco propone a sus jóvenes, incluso a los más duros o recalcitrantes, la mediación del Evangelio. Pero él mismo, por sus palabras y sus actos, es signo del Evangelio; tanto es así que sus jóvenes dirán más tarde: « ¡Don Bosco, era Jesús entre nosotros! »
Dios está siempre presente en la vida del joven. Lo ama a pesar de sus debilidades y quiere liberarlo de toda atadura del mal. La fe cristiana, corazón del sistema educativo de Don Bosco, en continua simbiosis con la razón y el cariño, alimentada por los sacramentos, tiene como finalidad educar « honrados ciudadanos y buenos cristianos »; honrados ciudadanos porque buenos cristianos; buenos cristianos porque honrados ciudadanos.
Atento a las preguntas existenciales del joven y a todos sus « porqué » Don Bosco no tiene otra respuesta que la vida y la palabra de Jesús que se resume en una sola palabra « amar », hacer bien el bien que podamos hacer, siempre, a pesar de todo.
Y, Don Bosco está convencido de esto: Maria, la Auxiliadora, está siempre presente como madre amorosa en toda casa salesiana.

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