Don Bosco ha comprendido que los jóvenes desbordantes de dinamismo tienen necesidad de expresar todo lo que bulle en ellos. La fiesta puede tener, tiene, sobre ellos un impacto educativo. La fiesta hace nacer un ambiente inédito: sorpresa, novedad y diversión, pues cada uno participa con su parte de creatividad y de alegría.
¡Cuántas veces los jóvenes han revelado talentos escondidos de artista, de animación! Desconocidos incluso para ellos mismos. Se han sentido protagonistas, han adquirido una mayor confianza en sí mismos y han puesto en juego y desarrollado sus dones personales… Y después ¡cuántos maravillosos recuerdos han quedado “encarnados” en sus corazones!
Y toda fiesta salesiana, para ser « fiesta » implica una dimensión espiritual, pues abarca toda la estructura de la persona del muchacho: la celebración litúrgica, alegre y bella, abre caminos al evangelio, abre caminos de evangelio, de vida en plenitud para el muchacho.
La fiesta, en una “casa salesiana”, es un asunto que concierne a todos. La fiesta es siempre manantial de alegría y crea en la comunidad educativa un ambiente de familia que hace salir del espacio de la rutina cotidiana y permite a cada uno dar lo mejor de sí mismo para alegría, para goce y disfrute de todos.
“¡Estad alegres!”, camino de santidad, santidad en vivo y en directo…

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