Datos biográficos de Domingo Savio
Nació en Riva de Chieri (Italia) el 2 de abril de 1842. Era el mayor de los cinco hijos de Ángel Savio, un mecánico muy pobre, y de Brígida, una sencilla mujer que ayudaba a la economía familiar haciendo costuras para sus vecinas. Desde muy pequeño se interesó por la vida de oración y la eucaristía. A los doce años pidió a Don Bosco entrar en el Oratorio. Destacó como uno de los mejores alumnos. Formó el grupo de la Alegría con compañeros que cumplieran una serie de requisitos. Era admirado y respetado por todos. En su intento de ser “santo”, Don Bosco le invitó a hacer extraordinario lo ordinario. A los quince años enfermó seriamente y el 9 de marzo de 1857. La Iglesia lo reconoció modelo de vida en el año 1954.
DON BOSCO CUENTA CON DOMINGO SAVIO PARA ECHARLE UN CABLE
Conociendo la vida de Domingo Savio podemos destacar la importancia que le dio a la atención a sus compañeros. La madre de Don Bosco observó rápidamente que era un niño muy atento a cada uno de sus compañeros. Se preocupaba del triste, del que estaba cansado, sólo, del que no tenía ilusión por estudiar, de quien le costaba estudiar, de los que creían que no valían para nada. Además siempre estuvo atento a Don Bosco, bastaba una mirada, un gesto y dejaba todo para echar la mano donde hiciera falta.
Personas así nos gustaría tener a nuestro lado. La realidad, hoy en día, es casi la contraria. Nos cuesta dejar nuestro móvil para ayudar en las tareas de casa. Estamos tan involucrados en los temas de las redes sociales, que apenas tenemos tiempo para los demás, los que realmente están a nuestro lado.
Menos mal que en nuestros colegios, centros juveniles y parroquias sigue habiendo gente que sabe sacar tiempo para el beneficio de otros desarrollando actividades de tiempo libre para niños con dificultades personales, sociales, económicas,… o con gente mayor que vive sola o enferma. Participando en proyectos de ayuda al Tercer Mundo… colaborando con los tutores de clase para que el ambiente sea bueno para todos.
Y tú, ¿no podrías pensar en algo donde echar una mano?
DON BOSCO CUENTA CON DOMINGO SAVIO, SIEMPRE ALEGRE
Don Bosco tuvo, desde siempre, muy claro que en el ambiente de sus jóvenes debería estar la actitud de la alegría como plataforma para la comunicación y el trabajo de cada uno. Así lo hemos oído de generación en generación: “Debes saber que aquí hacemos consistir la santidad en estar muy alegres. Sólo tratamos de evitar lo negativo, que es el gran enemigo que nos roba la gracia de Dios y la paz del corazón, y tratamos de cumplir exactamente con nuestros deberes”.
Creó un grupo de amigos llamado: La Compañía de la Inmaculada. El reglamento constaba de 21 artículos. Los socios se comprometían a ser mejores, a ayudar a don Bosco convirtiéndose, con prudencia y delicadeza, siendo modelos entre los compañeros; a esparcir alegría y tranquilidad en derredor. El último artículo resumía el espíritu de la asociación: Una sincera, filial, ilimitada confianza en María, una ternura singular con Ella, una devoción constante nos harán superiores a toda dificultad, tenaces en los propósitos, severos con nosotros mismos, amables con el prójimo y exactos en todo.
DON BOSCO CONTÓ CON DOMINGO SAVIO, ATENTO A LOS DEMÁS
Escuchemos un relato en el que apreciamos cómo Domingo Savio, se ha ido convirtiendo poco a poco en el alma de los recreos y en el amigo de todos. Juega, dirige los juegos, organiza entretenimientos.
Don Bosco le ha permitido a él y a otros alumnos continuar estudios más avanzados fuera del oratorio, en la misma ciudad de Turín. Es una oportunidad que tienen de aprender y de ir formando la propia personalidad.
Domingo sigue al pie de la letra las indicaciones de Don Bosco. Era respetado por su coherencia y transparencia de vida. Hasta los compañeros más violentos o menos estudiosos cambiaban cuando Domingo jugaba o trabajaba con ellos. Destacaban en él las cualidades de la caridad y paciencia.
Se acercaba a los que no tenían amigos, que lo pasaban mal y estaban solos. Tenía respuestas incluso para aquellos que se querían hacer los amos de los recreos con sus trapicheos.

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